08-09-2012
Ensayo
El problema catequético en el contexto cultural y
pastoral de nuestro tiempo
La catequesis de
nuestros días podríamos definirla como el requisito que todo católico debe
cumplir para “hacer parte de la familia cristiana”; pero este requisito es sin
duda alguna algo que se hace por inercia, algo meramente leguleyo y que carece
de sentido. Carece de sentido precisamente porque no hay una motivación que
impulse a aprender de la iglesia de mi iglesia, porque el deseo de Dios se ha
sumido en un profundo olvido, porque ha desaparecido de la mente de los
católicos la realidad de cristo como centro de la catequesis; es decir la
realidad de una catequesis cristocéntrica; es que el objetivo de la catequesis no es informar a
un niño o a un adulto de meras ideas que terminan siendo efímeras, el objetivo
de la catequesis es hacer que este niño y este adulto tengan una experiencia de
Cristo, sientan el deseo de amarle y de quedarse con El, palpite en su corazón
un amor inefable que los impulse a comunicar a todas las gentes que Jesús está
vivo y esta entre nosotros.
Las personas se preguntan muchas veces por Cristo y pocas
veces encuentran una respuesta que logre motivarles a seguirle, tal vez
entonces estas personas no buscan la respuesta en el lugar correcto y tal vez
nunca se han dado cuenta que la respuesta a su pregunta está contenida en la palabra
de Dios; que este es el medio por el cual cristo nos da su mensaje de amor y se
comunica con el pueblo que ama y por el cual dio su vida. A esta respuesta
venida de Dios debe unirse la respuesta del hombre a Dios y la respuesta sin
duda es la fe, bien lo dice el catecismo de la iglesia católica: “la fe es la
respuesta del hombre a Dios”
Es preciso hachar un
vistazo sobre la realidad catequética y enterarnos de una cruda realidad: la
catequesis de hoy muestra unos signos evidentes de una grave crisis. Crisis
cuando el sacramento de la confirmación también llamado el sacramento del adiós
coincide para muchos jóvenes con el fin de la práctica religiosa y tal vez de
la fe cristiana, en algunos lugares la primera comunión se ha convertido de
hecho en la última comunión. Todo esto puede tener muchas explicaciones y
muchos ¿por qué?, pero las respuestas se
hacen cortas e insuficientes, podríamos decir que la forma de catequizar es
pobre y no logra transmitir de manera correcta la enseñanza de la fe, incluso
se podría decir que la iglesia es una institución arraigada en el pasado que no
permite por ningún motivo la reorganización ni la implementación de nuevas
técnicas y métodos para hacer que las personas se sientan atraídas al mensaje
cristiano y tal vez entonces la iglesia utiliza lenguajes que nadie entiende,
se dirige a auditorios que ya no existen y responde a preguntas que nadie
tiene; en fin todo esto tiene un fondo de verdad pero no contiene toda la
verdad, todo esto es cierto pero hay algo más y ese algo más lo tiene cada
cristiano que está dispuesto a hacer de su fe un auténtico y sincero encuentro
con el Maestro que lo sabe todo y lo puede todo. Tal vez el problema de fondo
sea la poca comunicación con el Maestro, el hombre pretende resolverlo todo precisamente
por su ánimo de superación y de progreso; pero debemos comprender que nuestras
capacidades y nuestras fuerzas son pocas y cuando se agotan solo queda una
posibilidad y esa posibilidad es Cristo, solo nos queda pedirle a la fuente de
amor que nos ayude a amar, a la fuente
de la sabiduría que nos ayude a ser sabios, a la fuente de la fe que nos ayude
a esperar con alegría.
Ahora es oportuno
llegar al fondo del problema con respecto a la catequesis; y es que el problema
nace tal vez desde el mismo cristianismo y surge una dura pregunta: ¿tiene
futuro el cristianismo? Hoy cuando se habla de una disminución masiva de la
práctica religiosa, cuando la secularización pretende llevarnos al odio y al
egoísmo y ya no queremos ni compartir la fe que profesamos, hoy cuando los
jóvenes se hunden en la idea de la muerte, el fracaso y la desesperación y el
último lugar al que acuden en busca de ayuda es la iglesia, porque están
convencidos de la muerte de Dios, porque no les interesa saber de un Dios con
aires míticos y misteriosos, porque ese Dios que predican los curas es un
vengador lleno de odio y de deseos de castigo. Se vive una escasez de
vocaciones que nos hacen pensar que los
sacerdotes de hoy serán la última generación de sacerdotes, se habla entonces
de una crisis profunda, crisis de la iglesia, se habla de una verdadera
catástrofe, de una crisis de Dios.
El cristianismo dicen
muchos fue un elemento fundamental en la construcción de la sociedad pero ahora
es inútil, el cristianismo es un conjunto de bellas ruinas que se admiran en un
museo o que se utilizan como piezas ornamentales; el cristianismo podríamos
decir que se ha convertido en una empresa sin vendedores y que los pocos vendedores que hay ofrecen un
producto que nadie quiere u ofrecen el producto de una manera peyorativa e
imponente como si fuera obligación comprarlo. Es difícil enfrentar esta
situación más cuando no hay con quien enfrentarla, más cuando el cristianismo
ha pasado de moda, más cuando se ha llegado a la conclusión de que la fe es
algo de lo que se puede prescindir, más cuando el hombre se siente
autosuficiente y no acepta la existencia de un ser superior a él; incluso con
las corrientes contemporáneas se han dado casos de rechazo explícito de la fe,
de negación atea o de irreligiosidad declarada. La religión es una opción entre
muchas y no es precisamente la más apetecida o la que más convoca; por eso
entonces se habla de la noche final de la iglesia no como una mirada pesimista
sino como una mirada realista, se habla del fin del cristianismo porque no hay
cristianos aunque aún este cristo, se habla del mundo sin Dios como la
oportunidad de ser libres, se habla del
desarrollo autónomo de la fe; es decir cada quien toma de la fe lo que a
su juicio le conviene.
Esta es la realidad de
nuestro pueblo hoy, como diría aparecida, y nos corresponde a los que aún somos
cristianos enfrentarla teniendo en
cuenta que no es suficiente con que nosotros creamos en Dios, que es necesario
comunicarlo a los demás para que como nosotros también vivan la felicidad de
amar.
Freidy Alexander
López
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