sábado, 20 de octubre de 2012


08-09-2012

Ensayo
El problema  catequético en el contexto cultural y pastoral de nuestro tiempo
La catequesis de nuestros días podríamos definirla como el requisito que todo católico debe cumplir para “hacer parte de la familia cristiana”; pero este requisito es sin duda alguna algo que se hace por inercia, algo meramente leguleyo y que carece de sentido. Carece de sentido precisamente porque no hay una motivación que impulse a aprender de la iglesia de mi iglesia, porque el deseo de Dios se ha sumido en un profundo olvido, porque ha desaparecido de la mente de los católicos la realidad de cristo como centro de la catequesis; es decir la realidad de una catequesis cristocéntrica; es que  el objetivo de la catequesis no es informar a un niño o a un adulto de meras ideas que terminan siendo efímeras, el objetivo de la catequesis es hacer que este niño y este adulto tengan una experiencia de Cristo, sientan el deseo de amarle y de quedarse con El, palpite en su corazón un amor inefable que los impulse a comunicar a todas las gentes que Jesús está vivo y esta entre nosotros.
Las personas  se preguntan muchas veces por Cristo y pocas veces encuentran una respuesta que logre motivarles a seguirle, tal vez entonces estas personas no buscan la respuesta en el lugar correcto y tal vez nunca se han dado cuenta que la respuesta a su pregunta está contenida en la palabra de Dios; que este es el medio por el cual cristo nos da su mensaje de amor y se comunica con el pueblo que ama y por el cual dio su vida. A esta respuesta venida de Dios debe unirse la respuesta del hombre a Dios y la respuesta sin duda es la fe, bien lo dice el catecismo de la iglesia católica: “la fe es la respuesta del hombre a Dios”
Es preciso hachar un vistazo sobre la realidad catequética y enterarnos de una cruda realidad: la catequesis de hoy muestra unos signos evidentes de una grave crisis. Crisis cuando el sacramento de la confirmación también llamado el sacramento del adiós coincide para muchos jóvenes con el fin de la práctica religiosa y tal vez de la fe cristiana, en algunos lugares la primera comunión se ha convertido de hecho en la última comunión. Todo esto puede tener muchas explicaciones y muchos ¿por qué?, pero  las respuestas se hacen cortas e insuficientes, podríamos decir que la forma de catequizar es pobre y no logra transmitir de manera correcta la enseñanza de la fe, incluso se podría decir que la iglesia es una institución arraigada en el pasado que no permite por ningún motivo la reorganización ni la implementación de nuevas técnicas y métodos para hacer que las personas se sientan atraídas al mensaje cristiano y tal vez entonces la iglesia utiliza lenguajes que nadie entiende, se dirige a auditorios que ya no existen y responde a preguntas que nadie tiene; en fin todo esto tiene un fondo de verdad pero no contiene toda la verdad, todo esto es cierto pero hay algo más y ese algo más lo tiene cada cristiano que está dispuesto a hacer de su fe un auténtico y sincero encuentro con el Maestro que lo sabe todo y lo puede todo. Tal vez el problema de fondo sea la poca comunicación con el Maestro, el hombre pretende resolverlo todo precisamente por su ánimo de superación y de progreso; pero debemos comprender que nuestras capacidades y nuestras fuerzas son pocas y cuando se agotan solo queda una posibilidad y esa posibilidad es Cristo, solo nos queda pedirle a la fuente de amor que  nos ayude a amar, a la fuente de la sabiduría que nos ayude a ser sabios, a la fuente de la fe que nos ayude a esperar con alegría. 
Ahora es oportuno llegar al fondo del problema con respecto a la catequesis; y es que el problema nace tal vez desde el mismo cristianismo y surge una dura pregunta: ¿tiene futuro el cristianismo? Hoy cuando se habla de una disminución masiva de la práctica religiosa, cuando la secularización pretende llevarnos al odio y al egoísmo y ya no queremos ni compartir la fe que profesamos, hoy cuando los jóvenes se hunden en la idea de la muerte, el fracaso y la desesperación y el último lugar al que acuden en busca de ayuda es la iglesia, porque están convencidos de la muerte de Dios, porque no les interesa saber de un Dios con aires míticos y misteriosos, porque ese Dios que predican los curas es un vengador lleno de odio y de deseos de castigo. Se vive una escasez de vocaciones que  nos hacen pensar que los sacerdotes de hoy serán la última generación de sacerdotes, se habla entonces de una crisis profunda, crisis de la iglesia, se habla de una verdadera catástrofe, de una crisis de Dios.
El cristianismo dicen muchos fue un elemento fundamental en la construcción de la sociedad pero ahora es inútil, el cristianismo es un conjunto de bellas ruinas que se admiran en un museo o que se utilizan como piezas ornamentales; el cristianismo podríamos decir que se ha convertido en una empresa sin vendedores  y que los pocos vendedores que hay ofrecen un producto que nadie quiere u ofrecen el producto de una manera peyorativa e imponente como si fuera obligación comprarlo. Es difícil enfrentar esta situación más cuando no hay con quien enfrentarla, más cuando el cristianismo ha pasado de moda, más cuando se ha llegado a la conclusión de que la fe es algo de lo que se puede prescindir, más cuando el hombre se siente autosuficiente y no acepta la existencia de un ser superior a él; incluso con las corrientes contemporáneas se han dado casos de rechazo explícito de la fe, de negación atea o de irreligiosidad declarada. La religión es una opción entre muchas y no es precisamente la más apetecida o la que más convoca; por eso entonces se habla de la noche final de la iglesia no como una mirada pesimista sino como una mirada realista, se habla del fin del cristianismo porque no hay cristianos aunque aún este cristo, se habla del mundo sin Dios como la oportunidad de ser libres, se habla del  desarrollo autónomo de la fe; es decir cada quien toma de la fe lo que a su juicio le conviene.
Esta es la realidad de nuestro pueblo hoy, como diría aparecida, y nos corresponde a los que aún somos cristianos   enfrentarla teniendo en cuenta que no es suficiente con que nosotros creamos en Dios, que es necesario comunicarlo a los demás para que como nosotros también vivan la felicidad de amar.
Freidy Alexander López

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