sábado, 20 de octubre de 2012


12 de octubre de 2012
La vida consagrada hoy
Ensayo
Al adentrarnos en la realidad de la vida consagrada hoy,  podemos encontrarnos con muchas situaciones que llenan de alegría nuestro corazón y de esperanza a nuestra iglesia; es que sin duda las personas que se entregan de manera generosa a este estilo de vida son el pulmón de nuestra fe y la fuerza que nos ayuda a seguir  hacia el encuentro con cristo. Es preciso entonces echar un vistazo a la realidad de las comunidades de vida consagrada y descubrir una serie de situaciones que nos alegran en la fe y otras que nos invitan a cuestionarnos.
Demos paso entonces a las situaciones que nos alegran en la fe: Como no reconocer que aún en Colombia hay vocaciones para la vida religiosa y para la vida sacerdotal. Esta afirmación cobra sentido e importancia cuando miramos la realidad de los jóvenes de hoy, cuando encontramos en sus pensamientos y en sus comportamientos  tendencias hedonistas, prefieren las cosas banales y superfluas, lo que no trasciende, lo que en vez de darle sentido a sus paupérrimas vidas las va destruyendo cada vez más hasta el punto de optar por el suicidio; pues ya no soportan seguir muriendo en vida. Sí que se hace  difícil encontrar jóvenes dispuestos a darle sentido a sus existencias, dispuestos a mirar la vida de manera  trascendente y radical, como el más hermoso tesoro entregado por Dios; pero aunque parezca increíble e insólito sí hay jóvenes dispuestos a entregarle su vida a Dios de manera incondicional y sin reparo alguno. A mí personalmente me emociona ver muchachos que le dan un sí generoso al llamado del señor, que se atreven a unirse a la locura del amor, que se dejan inundar por la experiencia de cristo y en definitiva que abren las puertas de su corazón para que entre el ser que cambiara sus vidas. Al darle su sí generoso al llamado de Dios le dan la espalda a un mundo aparentemente atrayente, a una vida llena de lujuria y de placer, a una sociedad bullosa e insoportable y a unos ciudadanos idiotas que se hacen esclavos cada vez más de sus impulsos sexo genitales.
En los seminarios y casas religiosas aún se puede observar la formación esencialmente cristocéntrica; y es que no vale la pena nuestra formación si en ella no pretendemos tener una experiencia de Cristo. El cristianismo no lo podemos entender como una idea o como un movimiento, el cristianismo es una persona y esa persona es cristo, debemos entonces encontrarnos cara a cara con El y amarle hasta el extremo.
Ya nos hemos encontrado con unas realidades que nos emocionan, ahora encontrémonos con unas realidades que nos cuestionan y nos hacen titubear: se hace difícil hablar de pobreza hoy en la vida consagrada cuando encontramos sacerdotes y religiosos llevando una vida ostentosa y desmesurada. Viven en grandes casas que podríamos llamar mansiones, sus comidas las podríamos llamar manjares, sus reuniones las podríamos llamar banquetes y su ropa la podríamos llamar trajes burgueses. Tal vez se les ha olvidado que la iglesia presenta a la pobreza como una respuesta de amor al señor y sin amor la vida consagrada carece de sentido. Tal vez también se les olvidó que el voto de pobreza antes que un despojo es una ganancia, una bienaventuranza, Un regalo del señor con el que  pretende adentrarnos en la riqueza que en realidad importa, en la riqueza que supera con creces cualquier expectativa que el hombre en su afán de lucro pueda tener, Un regalo que sin duda llena las expectativas del corazón insaciable del hombre; este regalo y esta riqueza  es la plenitud que el Señor nos da cuando nos  acercamos de manera sincera y comprometida y le donamos el corazón. A menudo el hombre compara la felicidad con la cantidad de bienes que posee. Se es feliz cuando se es rico, cuando se tienen comodidades y  lujos; Pero que concepción de felicidad tan vaga y tan vacía, que  pensamiento tan pobre y retrogrado, que visión tan paupérrima y superficial. El consagrado de hoy tiene que ser diferente, debe implantar la novedad desde un estilo de vida sencillo y humilde en el que no solo busca su propia felicidad sino que quiere hacer felices a los demás.
Es preciso centrar nuestra mirada en una circunstancia que no es ajena a la realidad de la vida consagrada, que al contrario se ve esta involucrada de  una manera peculiar y en ocasiones vergonzosa. Me refiero al tema de la castidad, entendiéndola como un valor importante que se ha defendido de manera significativa desde tiempos antiquísimos, pero como bien sabemos estamos en una sociedad que a diario experimenta cambios vertiginosos, que a diario se renueva  y que a diario se transforma no solo en temas tecnológicos y económicos sino también en temas morales e ideológicos; lo digo porque muchos de los valores que se defendían antiguamente, hoy ya no se tienen por tales, porque temas como la sexualidad y la castidad han tenido transformaciones inefables a través de lo que se ha llamado la revolución sexual. Antiguamente se miraba todo lo referente al sexo con bastante recelo; hoy se le mira y se le valoriza espontáneamente; y en cambio a la castidad y al celibato algunos ya no les otorgan el puesto importante que antes se les dada, considerando a quienes lo practican como reprimidos. Esta represión del sexo le ha hecho un grave daño a la vida consagrada precisamente porque los que a ella pertenecen han obrado de manera incorrecta, basta con citar los casos de pederastia que han sido publicados por cuanto medio de comunicación existe y que han hecho que la gente  catalogue a los consagrados y sacerdotes como violadores y homosexuales. Muchos personajes interpretan esta realidad  como una verdad que hay que enfrentar y que es sumamente escandalosa, otros en cambio dicen que este tema no es tan escandaloso y que el cuento de la pederastia de los curas  es más bien una campaña miserable de una sociedad inmoral y de una sociedad cristiana que es infinitamente  hipócrita, una sociedad de carnívoros y reprimidos sexuales; entonces ahora están buscando unos chivos expiatorios y resolvieron que fueran ellos los curas de la iglesia católica, la iglesia a lo largo de la historia se ha visto involucrada  en grandes crímenes; pero la pederastia no es un crimen, que un cura masturbe a un muchachito qué importancia tiene si el muchachito se ira a masturbar en su casa; pero estos mismos que están levantando la voz al cielo acusando a los curas pederastas que ya ni el papa defiende porque cobardemente ya los dejo solos y les dio la espalda, estos mismos son unos reprimidos sexuales que buscan refugiarse y hacer menos significativas sus porquerías descargando toda la culpa y todo el morbo en los pobre curas. A estos niños violados por los curas se les está considerando victimas como si fueran héroes como si hubiera que hacerles un monumento, como sobrevivientes. Esto es pura hipocresía, el sexo es una cosa natural de la vida, eduquen a los niños para el sexo y se acabó el problema. Esta es la interpretación que da el escritor colombiano Fernando vallejo, y como esta hay muchas interpretaciones más. Solo queda decir que la iglesia no se puede hacer la de la vista gorda; al contrario debe afrontar estos problemas con realismo y responsabilidad.

Freidy Alexander López

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