12 de octubre de
2012
La
vida consagrada hoy
Ensayo
Al adentrarnos en la
realidad de la vida consagrada hoy,
podemos encontrarnos con muchas situaciones que llenan de alegría
nuestro corazón y de esperanza a nuestra iglesia; es que sin duda las personas
que se entregan de manera generosa a este estilo de vida son el pulmón de
nuestra fe y la fuerza que nos ayuda a seguir
hacia el encuentro con cristo. Es preciso entonces echar un vistazo a la
realidad de las comunidades de vida consagrada y descubrir una serie de
situaciones que nos alegran en la fe y otras que nos invitan a cuestionarnos.
Demos paso entonces a
las situaciones que nos alegran en la fe: Como no reconocer que aún en Colombia
hay vocaciones para la vida religiosa y para la vida sacerdotal. Esta
afirmación cobra sentido e importancia cuando miramos la realidad de los
jóvenes de hoy, cuando encontramos en sus pensamientos y en sus comportamientos
tendencias hedonistas, prefieren las
cosas banales y superfluas, lo que no trasciende, lo que en vez de darle
sentido a sus paupérrimas vidas las va destruyendo cada vez más hasta el punto
de optar por el suicidio; pues ya no soportan seguir muriendo en vida. Sí que
se hace difícil encontrar jóvenes
dispuestos a darle sentido a sus existencias, dispuestos a mirar la vida de
manera trascendente y radical, como el
más hermoso tesoro entregado por Dios; pero aunque parezca increíble e insólito
sí hay jóvenes dispuestos a entregarle su vida a Dios de manera incondicional y
sin reparo alguno. A mí personalmente me emociona ver muchachos que le dan un
sí generoso al llamado del señor, que se atreven a unirse a la locura del amor,
que se dejan inundar por la experiencia de cristo y en definitiva que abren las
puertas de su corazón para que entre el ser que cambiara sus vidas. Al darle su
sí generoso al llamado de Dios le dan la espalda a un mundo aparentemente
atrayente, a una vida llena de lujuria y de placer, a una sociedad bullosa e
insoportable y a unos ciudadanos idiotas que se hacen esclavos cada vez más de
sus impulsos sexo genitales.
En los seminarios y
casas religiosas aún se puede observar la formación esencialmente
cristocéntrica; y es que no vale la pena nuestra formación si en ella no
pretendemos tener una experiencia de Cristo. El cristianismo no lo podemos
entender como una idea o como un movimiento, el cristianismo es una persona y
esa persona es cristo, debemos entonces encontrarnos cara a cara con El y
amarle hasta el extremo.
Ya nos hemos encontrado
con unas realidades que nos emocionan, ahora encontrémonos con unas realidades
que nos cuestionan y nos hacen titubear: se hace difícil hablar de pobreza hoy
en la vida consagrada cuando encontramos sacerdotes y religiosos llevando una
vida ostentosa y desmesurada. Viven en grandes casas que podríamos llamar
mansiones, sus comidas las podríamos llamar manjares, sus reuniones las
podríamos llamar banquetes y su ropa la podríamos llamar trajes burgueses. Tal
vez se les ha olvidado que la iglesia presenta a la pobreza como una respuesta
de amor al señor y sin amor la vida consagrada carece de sentido. Tal vez
también se les olvidó que el voto de pobreza antes que un despojo es una
ganancia, una bienaventuranza, Un regalo del señor con el que pretende adentrarnos en la riqueza que en
realidad importa, en la riqueza que supera con creces cualquier expectativa que
el hombre en su afán de lucro pueda tener, Un regalo que sin duda llena las
expectativas del corazón insaciable del hombre; este regalo y esta riqueza es la plenitud que el Señor nos da cuando
nos acercamos de manera sincera y
comprometida y le donamos el corazón. A menudo el hombre compara la felicidad
con la cantidad de bienes que posee. Se es feliz cuando se es rico, cuando se
tienen comodidades y lujos; Pero que
concepción de felicidad tan vaga y tan vacía, que pensamiento tan pobre y retrogrado, que
visión tan paupérrima y superficial. El consagrado de hoy tiene que ser
diferente, debe implantar la novedad desde un estilo de vida sencillo y humilde
en el que no solo busca su propia felicidad sino que quiere hacer felices a los
demás.
Es preciso centrar
nuestra mirada en una circunstancia que no es ajena a la realidad de la vida
consagrada, que al contrario se ve esta involucrada de una manera peculiar y en ocasiones vergonzosa.
Me refiero al tema de la castidad, entendiéndola como un valor importante que
se ha defendido de manera significativa desde tiempos antiquísimos, pero como
bien sabemos estamos en una sociedad que a diario experimenta cambios
vertiginosos, que a diario se renueva y
que a diario se transforma no solo en temas tecnológicos y económicos sino
también en temas morales e ideológicos; lo digo porque muchos de los valores
que se defendían antiguamente, hoy ya no se tienen por tales, porque temas como
la sexualidad y la castidad han tenido transformaciones inefables a través de
lo que se ha llamado la revolución sexual. Antiguamente se miraba todo lo
referente al sexo con bastante recelo; hoy se le mira y se le valoriza
espontáneamente; y en cambio a la castidad y al celibato algunos ya no les
otorgan el puesto importante que antes se les dada, considerando a quienes lo
practican como reprimidos. Esta represión del sexo le ha hecho un grave daño a
la vida consagrada precisamente porque los que a ella pertenecen han obrado de
manera incorrecta, basta con citar los casos de pederastia que han sido
publicados por cuanto medio de comunicación existe y que han hecho que la
gente catalogue a los consagrados y
sacerdotes como violadores y homosexuales. Muchos personajes interpretan esta
realidad como una verdad que hay que
enfrentar y que es sumamente escandalosa, otros en cambio dicen que este tema
no es tan escandaloso y que el cuento de la pederastia de los curas es más bien una campaña miserable de una
sociedad inmoral y de una sociedad cristiana que es infinitamente hipócrita, una sociedad de carnívoros y
reprimidos sexuales; entonces ahora están buscando unos chivos expiatorios y
resolvieron que fueran ellos los curas de la iglesia católica, la iglesia a lo
largo de la historia se ha visto involucrada en grandes crímenes; pero la pederastia no es
un crimen, que un cura masturbe a un muchachito qué importancia tiene si el
muchachito se ira a masturbar en su casa; pero estos mismos que están
levantando la voz al cielo acusando a los curas pederastas que ya ni el papa
defiende porque cobardemente ya los dejo solos y les dio la espalda, estos
mismos son unos reprimidos sexuales que buscan refugiarse y hacer menos
significativas sus porquerías descargando toda la culpa y todo el morbo en los
pobre curas. A estos niños violados por los curas se les está considerando
victimas como si fueran héroes como si hubiera que hacerles un monumento, como
sobrevivientes. Esto es pura hipocresía, el sexo es una cosa natural de la vida,
eduquen a los niños para el sexo y se acabó el problema. Esta es la
interpretación que da el escritor colombiano Fernando vallejo, y como esta hay
muchas interpretaciones más. Solo queda decir que la iglesia no se puede hacer
la de la vista gorda; al contrario debe afrontar estos problemas con realismo y
responsabilidad.
Freidy Alexander
López
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