sábado, 20 de octubre de 2012


los jovenes 
INTRODUCCIÓN
“Los jóvenes llevan en sí mismos el futuro de la iglesia” al iniciar este proyecto se hace necesario mirar con los ojos abiertos y atentos el futuro de la iglesia y es lógico pensar que su futuro son los jóvenes, bien lo dice el Papa Benedicto XVI en las palabras que quise poner en el comienzo de este trabajo. Se hace necesario entonces detenerse un poco en algo que se hace inmanente: los jóvenes dependen casi totalmente de la ayuda,  de las opciones y las oportunidades que se les brindan y no se puede permitir que estas opciones sean siempre negativas, sería simplemente erróneo el no aceptar que ellos se sienten  bombardeados por una cantidad de tendencias que cada día van ganando puesto significativo en la sociedad, se sienten apresados en una sociedad que no propone sino que impone, se ven atacados por unos cambios vertiginosos que moldean la realidad de una manera inexorable, se ven constantemente confrontados por una sociedad que propone la violencia como la única solución a los problemas y se ven lastimosamente involucrados en una serie de ideas medievales que proponen el escepticismo y el hedonismo como la mejor opción y en una serie de ideas contemporáneas que proponen el nihilismo como una verdad única y fundamental y el existencialismo como la idea de un hombre superfluo, vacío y para hacerlo más irónico dios.   En todas estas circunstancias todos tienden a despreciar a estos jóvenes que están buscando una formación de la identidad a través de unos procesos y unas etapas que inevitablemente deben cumplir y que según las cumplan será a sí mismo el desarrollo de su identidad, es preciso entonces acompañarlos, es oportuno formar en actitudes y aptitudes a estos jóvenes que lo único que buscan es ganarse un puesto en una sociedad que exige mucho pero que no está dispuesta a dar nada, es por lo tanto coherente brindarles la mano y acogerlos no como un problema sino como una grandiosa oportunidad, no como unos seres pasivos esclavos de impulsos como lo diría Sigmund Freud, sino como unos seres activos buscando adaptarse a una sociedad como lo diría Erikson. Que maravilloso resulta confrontarlos y plantearles grandes retos, que maravilloso resulta exprimir todas sus cualidades y que maravilloso resulta aspirar con ellos lo excelente, lo sublime, lo perfecto, pero surgen grandes preguntas con respuestas confusas y esto surge tal vez porque se están buscando grandes resultados con rastreros métodos  y esto surge en definitiva porque no se poseen los medios ni los recursos para lograr un fin que a la larga va tomando un color sombrío y se va tornando un tanto complicado. “jóvenes no tengan miedo el señor no quita nada, Él lo da todo” Benedicto XVI. Había dicho anteriormente que los jóvenes se sentían atacados, despreciados y que buscaban una opción fundamental para sus vidas pero que ninguna de las opciones que se les planteaba resultaba ser  lo suficientemente tentadora como para acogerla como opción fundamental, y  es que todas estas opciones se hacen interesantes pero a la larga terminan siendo un fracaso total y entonces los jóvenes necesitan algo más, necesitan que su corazón palpite de emoción, necesitan una opción esperanzadora, algo que los motive a luchar sin cansancio, algo que los llene de alegría y de paz, pero ¿dónde podrán encontrar semejante maravilla? ¿Quién está dispuesto a brindarles algo motivador? Y aunque parezca imposible ya he encontrado la respuesta después de una disquisición bastante profunda y la respuesta es: Dios, he aquí lo que habíamos buscado tanto tiempo, la felicidad tan anhelada. Te buscábamos señor dónde nunca estarías y ahora te haces el encontradizo en nuestras vidas porque ya no soportas que caminemos en tinieblas y quieres llenarnos de tu luz. “Tarde te amé hermosura tan antigua y bella, tarde te amé yo te buscaba por fuera y tú estabas dentro” San Agustín. Ya se ha encontrado la opción fundamental pero se necesita alguien que ayude a estos jóvenes a conocer esa opción fundamental y ese alguien es sin duda la iglesia jerárquica haciéndose presente  en una parroquia por medio de unos  sacerdotes que la gobiernan, esta es la tarea de la parroquia: hacerse presente en  vida de  todos sus miembros de una manera activa y decidida llevando siempre el mensaje de cristo con alegría y esperanza y en esta ocasión le corresponde hacerse presente en la vida de tantos jóvenes que necesitan a alguien  que los ayude a luchar  y a ser mejores.
“Maestro, el camino es largo y la tarea dura. Pero no te desalientes. Dios confió en tu debilidad  y te llamó para la siembra, cargó tus alforjas de semillas; y ahora te acompaña entre los surcos para ser destinatario de la cosecha.
En su nombre, que es el de todos tus alumnos: ¡muchas gracias! Y en el ocaso de cada jornada, cuando en medio de tu silencio fatigado recuerdes sus rostros, escucharas su voz que repite; lo que hiciste con uno de estos, mis pequeños, a mí me lo hiciste”
Que hacer: los jóvenes de hoy necesitan identificarse con cristo, lo primero que se debe hacer es mostrar a Jesús como maestro y a ellos hacerles sentir como discípulos, pero los discípulos de Jesús deben tener unas características especiales y  me dispongo entonces a enumerarlas:
1.      El discípulo escucha a su maestro: pero atentos porque escuchar no es lo mismo que oír, escuchar es algo que involucra la razón y el corazón; mientras que oír no pasa de ser algo meramente fisiológico, es algo que se hace por inercia y por costumbre. Entonces podría surgir una pregunta con una obvia respuesta. ¿ por qué medio habla el maestro? Y la respuesta es su palabra, esa es su voz entre nosotros, la palabra de Dios es la comunicación viva, eficaz y novedosa entre nosotros y en este caso no puede ser la excepción. La palabra de Dios no puede convertirse en un añadido, al contrario debe ser lo fundamental en cada encuentro, en cada evento, en cada actividad y en cualquier proceso  en el que se involucre el seguimiento de Jesús como maestro. Propongo entonces como el mejor método para el acercamiento a la palabra de Dios de una manera responsable y comprometida la lectio divina con sus cinco pasos: la lectura, la meditación, la oración, la contemplación y la acción o compromiso. Es esta sin duda la mejor forma de acercarse a Jesús, es esta la oportunidad de encontrarnos cara a cara con el maestro que nos habla, es esta la oportunidad de hablar con el maestro, es esta la oportunidad de escucharle con atención y es esta en definitiva la oportunidad de comprometernos con el maestro.
2.      El discípulo cree en su maestro: creer en el ámbito cristiano es tener fe. “la fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios” catecismo de la iglesia católica. Es que Dios no impone que le amemos porque nuestro Dios es un Dios de libertad, cada uno es invitado para que crea pero nunca se le impone nada, creer es una decisión personal. Entonces me atrevo a decir que la pastoral juvenil se debe fundamentar en la fe, es este el principio de todo, desde  una fe pura y firme debe procurar partir este proyecto, sino la hay es bueno entrar en un proceso serio de confrontación en la fe, es necesario mostrar  la fe no como una idea, sino como una persona y esa persona es cristo. Es bueno entonces entrar en contacto con el catecismo de la iglesia católica en su primera parte: la profesión de la fe en su primera sección: creo, creemos.
3.      El discípulo pone en práctica lo que aprende de su maestro: sería simplemente ilógico y estúpido el aprender sin aprehender, y es que el conocimiento de Dios, de su mensaje, de su amor  es la oportunidad grandiosa de comunicarlo de desbordarnos de tal manera que ya no seamos capaces de guardar todo lo aprendido; sino que ansiemos donarlo a los demás, pero hay que estar atentos por que aprender del maestro implica guardar todos esos conocimientos en el corazón, no basta con tenerlos presentes en la mente, no nos podemos convertir en seres racionales. Cómo negar que todos nosotros somos, quien más, quien menos, pequeños hijos de Descartes, e incluso hay un pequeño Voltaire en cada uno de nosotros; se hace  preciso entonces citar la siguiente anécdota: Un día estaba Jesús con sus discípulos y les preguntó: ¿y ustedes quién dicen que soy yo? Simón Pedro se levantó y contestó: tú eres la teofanía escatológica que sustenta ontológicamente la intensidad de nuestras relaciones subconscientes e interpersonales. Jesús abrió los ojos llenos de sorpresa y preguntó: ¿qué, queeeé?  Y pedro no le pudo repetir, porque se le había olvidado. No era algo que tenía en el corazón, sino sólo en la mente. Aprender de Jesucristo no implica una simple teoría, aprender de Jesucristo es una experiencia personal, debemos convertirnos no en simples reporteros sino en testigos del milagro de cristo entre nosotros, hasta el punto en que digamos: “no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído (Hch 4, 20).
4.      El discípulo ama a su maestro: Jesús le preguntó a Simón Pedro: Simón hijo de Juan ¿me amas más que éstos? Pedro le contestó: sí señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: cuida de mis corderos. Volvió a preguntarle: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le contestó: sí señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: cuida de mis ovejas. Por tercera vez le preguntó: simón, hijo de Juan ¿ me quieres? Pedro triste porque le había preguntado por tercera vez si lo quería, le contestó: señor tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero: cuida de mis ovejas, después le dijo sígueme.
Que difícil y que complicado resulta el ser interpelado por el maestro, hoy a cada  joven le está diciendo de manera imperativa y de manera interrogativa lo que hace dos mil años le dijo a Simón pedro: ¿me amas? Y la respuesta de un joven común sería obsoleta  y vacía, sería pobre y sin argumentos o en el peor de los casos simplemente no habría respuesta alguna o tal vez la respuesta sería: no te amo porque no te conozco y porque no me interesa conocerte, no te amo porque nadie me ha hablado de ti, no te amo porque puedes convertirte en una piedra en mi zapato, no te amo porque me robas mi libertad y te metes en vida y en mis decisiones y en definitiva no te amo porque me he acostumbrado a estar sin ti y me siento bien como estoy. Esta sería la respuesta de un joven común pero… ¿cuál puede ser la respuesta de un joven que a la larga también es común pero que quiere cambiar, que quiere seguir a Jesús? Este respondería de la siguiente manera: te amo Jesús aunque te conozca muy poco, pero no porque no hagas parte de mi vida sino porque no he dejado que lo seas, siempre has estado ahí esperando que yo te dé una respuesta y yo lo único que he hecho es darte la espalda; debo reconocer que te conozco gracias a mis dificultades y a mis problemas, cuando me he equivocado por una mala decisión, cuando me he dado cuenta que no soy dueño de mis decisiones sino de las consecuencias, entonces en ese momento te busco, cuando todos se han ido y me han dejado sólo tú siempre apareces dándome una voz de aliento en mi cruda realidad; cómo no amarte mi señor si te has convertido en mi mejor amigo, en mi confidente, en mi esperanza. Hoy entonces quiero comprometerme contigo de una manera parcial y definitiva sabiendo que te amo y que me amas, quiero buscarte en los momentos de felicidad para compartirlos contigo; y en los momentos de tristeza para que me acompañes y me des el mejor concejo. 

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