13 de octubre de
2012
La catequesis en un
renovado proyecto pastoral de evangelización
Ensayo
A menudo nos estamos
preguntando sobre el método que debe implementar la iglesia para llegar de una
manera eficaz al cristiano de hoy; entendiendo el método como todo camino
correctamente trazado y oportunamente seguido para logar determinado fin o
propósito, ¿cuál será entonces el camino y cuál será el fin? El camino sin duda
alguna es la iglesia, perteneciendo a ella vamos transitando hacia el fin,
hacia la meta que es cristo. Se hace importante tener una visión clara sobre lo
que en realidad reclama el cristiano de
hoy; por lo tanto es hora de implementar un proyecto pastoral que supere
la crisis de credibilidad en los cristianos, en el fondo late la necesidad de
redescubrir la identidad cristiana y de transformar de manera significativa la
manera superflua de creer del cristiano de hoy, se hace muy fácil decir que se
es cristiano pero se hace difícil demostrarlo, esto no es solo culpa de los
fieles; es también culpa de la iglesia y de su manera de llevar a cristo al
corazón de los creyentes.
La tarea de la iglesia
es evangelizar; es decir llevar el evangelio a todas partes sin importar raza,
ideología e incluso creencia, por eso podemos decir que la iglesia no existe
para sí misma sino que existe para el servicio del plan divino: “id a todo el
mundo a anunciar el evangelio” este es
el secreto de la iglesia, esta es la fuerza que la impulsa, esta es la realidad
salvífica del amor; es por esto que podemos decir como San Pablo: “ ya no soy yo quien vive, es cristo quien vive en
mí” o como San Francisco de Asís: “señor hazme un instrumento de tu paz”. Que
maravilloso resulta decir que la iglesia no tiene fin porque es dirigida por
Dios, que maravilloso resulta decir que la iglesia, que la fe no es una
invención de hombres inteligentes; que al contrario es una realidad divina que
supera toda inteligencia. Es el mismo Padre quien dirige este rebaño, es su
amor por el pueblo que ha elegido que nos motiva a seguir con la tarea de
evangelizar seguros como San pablo que cuando Dios está con nosotros nadie
podrá contra nosotros.
El objetivo de la
iglesia y su tarea fundamental es trabajar en el mundo, para el mundo, al
servicio del reino, esto sin duda obliga a repensar la relación iglesia-mundo
como una oportunidad de transformar el mundo
a la luz del evangelio, metiéndose de lleno en las realidades que lo
conforman, este es el plan grandioso de Dios, este es el proyecto de liberación
integral de una humanidad reconciliada y
fraternal, la realización de los valores que los hombres de siempre anhelan y
sueñan: reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de
justicia, de amor y de paz.
Es hermoso hablar de
algo tan esperanzador, es hermoso decir que Dios está entre nosotros y con
nosotros, es hermoso imaginar lo perfecto que sería nuestro hábitat si
dejásemos que en el actuara Dios; por
eso es preciso nombrar una serie de funciones o mediaciones que la iglesia ha
propuesto para que sean signos evangelizadores al servicio del reino; teniendo
claro que el ideal del reino se hace visible en el mundo por medio de cuatro
formas fundamentales de visibilidad eclesial:
Ø Como
reino realizado en el amor y en el servicio fraterno (signo de la diaconía )
Ø Como
reino vivido en la fraternidad y en la comunión (signo de la koinonía)
Ø Como
reino proclamado en el anuncio salvífico del evangelio (signo de la martyría)
Ø Como
reino celebrado en ritos festivos y liberadores (signo de la liturgia)
De
este modo, la iglesia debe ser en el mundo el lugar por excelencia del
servicio, la fraternidad, el anuncio y la fiesta
Es preciso descubrir el amor de nuestro padre
para con nosotros y enterarnos que siempre ha estado ahí llenándonos a todos
nosotros con toda clase de dones y carismas; es preciso también observar estas funciones eclesiales y
descubrir en ellas la presencia del espíritu santo, es El, el que ha iluminado
a la iglesia y la ha hecho participe de sus dones inefables. La diaconía
pretende transformar la mentalidad profundamente egoísta del hombre que se
limita a pensar solo en sus problemas y en sus vicisitudes y nunca extiende su
mirada hacia los problemas de quienes lo rodean. La comunidad cristiana está
llamada a manifestar un nuevo modo de amar y de servir, una tal capacidad de
entrega a los demás que haga creíble el anuncio evangélico del Dios del amor y
del reino del amor.
La koinonía por su
parte pretende darle una mirada diferente a la realidad del mundo, pretende
encontrar alternativas y soluciones diferentes a las circunstancias difíciles que
atormentan nuestra sociedad, pretende responder al anhelo de hermandad y de paz
de los hombres de todos los tiempos; esta lleva en sí misma una novedad que la
hace interesante; pues manifiesta un modo nuevo de convivir y de compartir,
anuncia la posibilidad de vivir como hermanos reconciliados y unidos.
La martyría nos lleva a
darle un sentido diferente a nuestra existencia, nos ayuda a descubrir que a
fuerza de bien podemos vencer el mal que tanto ha tomado fuerza en la
actualidad, la martyría nos enseña que cuando Dios no está en nosotros la vida
carece sentido, que cuando pretendemos alejar a Dios de nuestra realidad es
como si quisiéramos morir, que cuando contemplamos la vida como una desgracia
nos estamos negando a la posibilidad de experimentar el amor que lo trasciende
todo y lo transforma todo, lo que antes era tinieblas ahora es luz, lo que
antes era tristeza ahora es alegría, lo que antes era odio ahora es amor, lo
que antes era una desgracia ahora es una esperanza.
Aparece ahora la
liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Cristo mediante signos sensibles y
eficaces que buscan la glorificación de Dios y la santificación del hombre;
estos signos evangelizadores responden a la exigencia de celebrar la vida y de
acoger y expresar en el rito el don de la salvación. Ante los límites
mortificantes de la racionalidad y de la falta de sentido, la comunidad
cristiana esta llamada a crear espacios en donde la vida y la historia,
liberadas de su opacidad, sean celebradas y exaltadas como proyecto y lugar de
la realización del Reino.
Freidy Alexander López.
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